¿Cómo orar a Dios?

A veces es difícil saber cómo orar. ¿Cómo debo orar? ¿Qué debo elegir?

A veces es difícil saber cómo orar. El apóstol Pablo luchaba con la forma de orar mientras
estaba sentado en la cárcel esperando su ejecución potencial. ¿Dios le escatimaría de su
ministerio fructífero? ¿Dios le bendeciría con la adoración eterna? En Filipenses capítulo 1,
escribe, “(…) no sé entonces qué escoger (…)”. Esto lo dijo Sam Reiner. ¿Cómo debo orar?
¿Qué debo elegir? “De la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No
sabemos lo que debemos pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos
que las palabras no pueden expresar.” – Romanos 8:26. Orando en la voluntad de Dios, dice R.T
Kendall, se lleva a cabo uno de los siguientes dos niveles (o tal vez dos): (1) cuando se sabe lo
que es la voluntad de Dios y orar en consecuencia, o (2) con gemidos, cuando usted no sabe lo
que es la voluntad de Dios y se ora con palabras que no se pueden expresar -es decir, palabras
que no entienda-.

El primer nivel es, en la opinión de Kendall de quien se ha tomado estas palabras, bastante
raro. Ha ocurrido, pero no a menudo. Es cuando se sabe que de alguna manera oramos por
algo y sabemos que Dios nos ha oído y que seremos contestados por orar en la voluntad de
Dios. Kendall dice que le gustaría poder decir que participa en este tipo de oración todo el
tiempo. Zacarías y Elizabeth oraron por un hijo. Ellos no sabían que hacían esta solicitud por
la voluntad de Dios y que eran escuchados. Pero lo era -salvo que no fueron notificados por
un largo tiempo-. Zacarías había orado años antes en la voluntad de Dios, pero no se le dio la
gracia del Espíritu para saber en el momento en que estaba orando en la voluntad de Dios.

El segundo nivel de la oración en el Espíritu, continúa Kendall, es cuando rezamos en la
voluntad de Dios pero no sabemos lo que estamos orando. ¿Cómo puede ser esto? Romanos
8:26, citado anteriormente, es coherente con 1 Corintios 14:02: “Para cualquier persona que
habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios. De hecho, nadie lo entiende, sino que
habla misterios con su espíritu.” Kendall dice que no sabe cuál es la voluntad de Dios, es cierto,
pero sabe que no obstante está orando en Dios porque sabe que está orando en lenguas.

Josh Weidmann dice que no tenemos que vivir mucho tiempo para aprender que las relaciones
dependen de la comunicación. Cuenta como creció al lado de su mejor amigo, Sam, con el que
jugó, se llamaban entre sí, se unían a los mismos equipos deportivos y simplemente pasaba el
rato con él. Pero a medida que pasaba el tiempo, él se fue por su dirección y Josh por la suya.
Dejaron de comunicarse y su relación básicamente ha terminado. Esto mismo puede suceder
con Dios si no nos comunicamos a través de la oración, afirma Weidmann.

La oración es la comunicación real con Dios y es vital para nuestra continua relación personal
con él. Tengo que hablar y escuchar a Dios con regularidad o, al igual que la amistad con Sam,
mi compañerismo con Dios se derrumbará, nos asegura Josh. Y continúa diciendo: “¿No es

gracioso que cuando llegamos a conocer a Cristo se supone que vamos a saber cómo orar?”
En realidad, fue a finales del ministerio de Jesús que sus discípulos por fin le rogaron: “Señor,
enséñanos a orar”.

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